La transparencia en los negocios ha sido relacionada principalmente con las obligaciones tributarias de las empresas y la ausencia de corrupción en los procesos administrativos.
El concepto se relaciona con los reportes financieros dirigidos a principalmente a los accionistas y el consejo de administración.
No obstante, la transparencia debe tener una visión más amplia: Transparencia es sinónimo de confianza. Al ser transparentes ganamos la confianza de los inversores, de nuestros colaboradores, clientes y proveedores, es decir, de todos nuestros públicos de interés.
Desde la perspectiva de la RSE, vemos la transparencia como la base de la pirámide y constituye el eje transversal de los demás ejes. Es el pilar principal de los valores que construyen la cultura corporativa y debe reflejarse a través de una forma de actuar uniforme, apoyada por políticas y procesos establecidos. La creación un Código de Ética, por ejemplo, es una herramienta esencial para promover los valores y la confianza en las empresas.
Instituciones como la Coalición por la Transparencia trabajan en este tema aplicándolo en distintas áreas. De acuerdo con la Convención Anticorrupción de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) establecido en el año 2002, el papel de las empresas en el cumplimiento de tales acuerdos se define a través de recomendaciones como: adherirse a códigos de mejores prácticas corporativas, realizar de auditorías, impartir cursos a los colaboradores sobre temas de corrupción y ejecutar programas de integridad centrados en códigos de conducta.
De todo lo anterior deducimos que no existe transparencia sin información. Es necesario el desarrollo de mecanismos de información clara y precisa, confeccionados de acuerdo a la visión estratégica de la empresa y sus compromisos adquiridos. La percepción de transparencia en la empresa cambia, a medida que vaya atendiendo las distintas demandas de información, la cual debe ser verídica, oportuna y accesible.
El reconocimiento que los públicos interesados hacen a partir del grado de cumplimiento de los compromisos de la empresa y de su comportamiento corporativo, dará como resultado la buena reputación y una mejor competitividad.
Los clientes exigen más información sobre los productos y servicios que demandan, dando paso a iniciativas como la Procuraduría de la Defensa del Consumidor que pretende fiscalizar las relaciones contractuales entre clientes y empresas en Guatemala. Los mercados internacionales también son exigentes y excluyentes con aquellas empresas que posean una ‘dudosa reputación.
Por todas estas razones, la transparencia va creando su propia cadena de valor. Inicia con la información, otorga credibilidad, y confianza y da como resultado la buena reputación. Continuará siendo el eje clave en los negocios responsables y sostenibles a largo plazo.
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